El Zóhar, uno de los textos más místicos y profundos de la Kabbalah, nos enseña que tanto la sabiduría (Jojmá) como la comprensión (Biná) son regalos que nos otorga el Creador. Esta enseñanza es algo realmente hermoso y tiene sus raíces en la percepción cabalística de cómo la realidad y la conciencia están diseñadas. Vamos a explorar esto de una forma ligera y conversacional, así que siéntate cómodo y abramos la puerta al misterio.
En la Kabbalah, el Creador es visto como la fuente infinita de toda luz, energía y conocimiento. Cuando el Zóhar dice que la sabiduría y la comprensión son dones divinos, está refiriéndose a la manera en que los seres humanos reciben inspiración y revelación. La sabiduría (Jojmá) es como una chispa de luz que de repente aparece en nuestra mente —es ese momento “¡ajá!”, esa idea brillante que surge de la nada. No viene de nosotros mismos, sino que nos es otorgada desde el mundo superior. Es el regalo inicial, la semilla que nos inspira y nos conecta con lo divino.
Luego tenemos a Biná, la comprensión, que es algo así como cuando esa chispa comienza a desarrollarse en algo más concreto. Si Jojmá es la chispa, Biná es el proceso de elaborar, de digerir esa idea y convertirla en algo que podemos expresar y compartir. Imagina que Jojmá es como una nota musical divina, mientras que Biná es el esfuerzo de escribir una sinfonía completa a partir de esa nota. Y aquí es donde la magia del esfuerzo humano y el regalo divino se encuentran, porque la comprensión requiere dedicación y trabajo para construir sobre lo que hemos recibido.
El Zóhar nos enseña que, aunque estas cualidades sean dones, hay una condición importante: debemos estar abiertos a recibir. Los cabalistas suelen decir que no es el conocimiento lo que se busca, sino la conexión. Lo que quiere decir es que, si uno quiere realmente acceder a estos regalos, debe estar en sintonía, como si estuviéramos ajustando una radio para captar la frecuencia correcta del universo. ¡Y eso es precisamente lo que hace un kabbalista! Se dedica a preparar su “antena interna” para poder recibir la luz divina.
Uno de los pasajes en el Zóhar nos muestra a los grandes sabios en estados de éxtasis espiritual, vislumbrando la realidad divina. Ellos describen que la sabiduría es como el primer rayo del amanecer que rompe la oscuridad. Es decir, hay algo en ese momento de recibir la sabiduría que trasciende el intelecto y va directo al alma, iluminando no solo la mente, sino toda nuestra existencia. Esto es un recordatorio de que la verdadera sabiduría, la profunda, la que nos transforma, no es la que acumulamos leyendo libros o memorizando datos, sino la que desciende como una revelación y nos hace ver el mundo con nuevos ojos.
Y no olvidemos que, según el Zóhar, esta revelación no es un privilegio de unos pocos. La Kabbalah insiste en que todos, sin excepción, somos capaces de recibir estos regalos del Creador, siempre y cuando abramos nuestro corazón y alineemos nuestro deseo con la intención de conectarnos con la fuente. La clave está en el deseo puro de recibir no para el ego, sino para compartir. De hecho, el mismo Zóhar dice que cuando buscamos conocimiento únicamente por vanidad o ego, la puerta se cierra. Pero cuando nuestro deseo es crecer, ayudar y compartir, entonces la sabiduría fluye hacia nosotros como un río inagotable.
Así que ahí lo tienes, querido buscador de luz. La sabiduría y la comprensión son regalos divinos que todos podemos recibir. El secreto está en cómo ajustamos nuestra conciencia, en cómo preparamos nuestro ser para recibir esa chispa y convertirla en algo significativo. Abramos nuestro corazón, conectémonos con el deseo puro y dejemos que el Creador haga su magia. ¡El universo está listo para susurrarte al oído, solo tienes que escuchar!

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