La Kabbalah enseña que la creación es un reflejo de los Mundos Superiores

Imagina que todo lo que vemos y experimentamos aquí en la Tierra es solo una sombra, un reflejo de algo más profundo y trascendental. Según la Kabbalah, el mundo material que habitamos no es más que la punta del iceberg de una realidad mucho más vasta, conocida como los Mundos Superiores. Estos mundos son dimensiones…

Imagina que todo lo que vemos y experimentamos aquí en la Tierra es solo una sombra, un reflejo de algo más profundo y trascendental. Según la Kabbalah, el mundo material que habitamos no es más que la punta del iceberg de una realidad mucho más vasta, conocida como los Mundos Superiores. Estos mundos son dimensiones espirituales, niveles de energía y conciencia que están detrás de cada cosa que percibimos en nuestra vida cotidiana.

En la Kabbalah, la creación no fue un simple evento, sino un proceso en el que la energía divina se fue filtrando, como en una serie de capas o niveles, desde lo más puro y elevado hasta lo más denso y físico. Estos niveles de la realidad se conocen como los Cuatro Mundos: Atzilut (Emanación), Beriah (Creación), Yetzirah (Formación) y Assiyah (Acción). Nuestro mundo físico se encuentra en el nivel más bajo, Assiyah, pero está conectado con los otros mundos, más espirituales y sutiles, a través de una cadena de energía divina.

El reflejo de lo espiritual en lo material

Uno de los principios fundamentales de la Kabbalah es que todo lo que existe en el mundo físico tiene su contraparte en los Mundos Superiores. Es decir, nada en este mundo existe por sí mismo, sino que es una manifestación o reflejo de algo más elevado. Este concepto se compara a menudo con un árbol, donde las raíces invisibles (Mundos Superiores) alimentan y sostienen el tronco y las ramas visibles (nuestra realidad física).

Según el Zohar, el texto principal de la Kabbalah, hay una especie de “código” oculto en el universo que une todas las cosas, desde lo más alto hasta lo más bajo. Este código es el árbol de la vida, una estructura energética y espiritual que conecta los distintos mundos. Cada evento, objeto o situación en nuestra vida está vinculado a una raíz espiritual en los Mundos Superiores. Por eso, para entender verdaderamente lo que ocurre en el plano físico, primero tenemos que comprender su origen en el plano espiritual.

El proceso de la creación: Tzimtzum y Sefirot

La creación, según la Kabbalah, comenzó con un acto llamado Tzimtzum. Este es un concepto fascinante que nos dice que antes de que existiera el universo, solo había una Luz infinita, la Luz del Creador. Pero para que la creación fuera posible, la Luz tuvo que “hacerse a un lado”, creando un vacío donde el mundo pudiera existir. Este “contracción” de la Luz no significa que desapareció, sino que se ocultó para permitir el surgimiento de una realidad independiente. A partir de este vacío, la Luz del Creador comenzó a irradiar nuevamente, pero esta vez a través de canales llamados Sefirot.

Las Sefirot son como los filtros a través de los cuales la energía divina desciende a nuestro mundo. Existen diez Sefirot, que representan cualidades divinas como la Sabiduría (Jojmá), el Entendimiento (Biná) y la Belleza (Tiferet), y cada una de ellas juega un papel en la creación y el sostenimiento de nuestro mundo. El Zohar describe las Sefirot como “vestimentas” de la Luz, es decir, formas en las que la Luz infinita del Creador se puede manifestar en los mundos espirituales y materiales.

Lo que pasa arriba, pasa abajo

Aquí viene una de las ideas más poderosas del Zohar: “Lo que ocurre en los Mundos Superiores, se refleja en el mundo inferior”. Esto significa que cada acción que tomamos, cada pensamiento y cada emoción que experimentamos, tiene un impacto en los niveles superiores de la creación. Y lo opuesto también es cierto: los cambios en los Mundos Superiores se reflejan en nuestra realidad física.

Por ejemplo, si estamos enfrentando un desafío en nuestra vida, los kabbalistas nos enseñan que ese problema tiene una raíz espiritual, y al trabajar en esa raíz podemos resolver el problema en el nivel físico. Esto es lo que en la Kabbalah llamamos tikún o corrección: cuando entendemos el reflejo espiritual de nuestra situación y trabajamos para elevar nuestra conciencia, podemos transformar nuestra realidad.

La unidad de todo

Una de las grandes enseñanzas de la Kabbalah es que todo está conectado. Nada existe por sí mismo; todo forma parte de un gran sistema universal que se extiende desde los Mundos Superiores hasta nuestra realidad cotidiana. Este sistema está diseñado para llevarnos de vuelta a la Luz, para que podamos reconectarnos con nuestra esencia divina. Según el Zohar, la creación entera es una especie de espejo en el que el Creador se refleja, y nuestro propósito es aprender a ver esa luz reflejada en todo lo que nos rodea.

En resumen, la Kabbalah nos enseña que el mundo físico que conocemos es solo un reflejo de una realidad mucho más profunda. Los Mundos Superiores son la verdadera fuente de todo lo que experimentamos aquí, y a través del estudio de la Kabbalah y el Zohar, podemos aprender a interactuar con esas energías superiores, entendiendo que todo lo que ocurre en nuestra vida tiene un significado espiritual y una conexión con lo divino.

Así que la próxima vez que veas un árbol, una flor, o incluso una situación difícil en tu vida, recuerda que todo tiene una raíz en los Mundos Superiores y, al conectarte con esa realidad, puedes transformar tu experiencia aquí en la Tierra.

¿Qué te parece? ¿Te sientes más cerca de la Luz después de entender esta idea? ¡Vamos a seguir profundizando en estos temas tan poderosos!

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