Sellando el Pacto: El Día en que Hice las Paces con Mi Subconsciente (y Gané el Juego)

Hay días que simplemente marcan un antes y un después. Y, si me preguntas, el Día 14 fue uno de esos momentos donde todo hizo clic. Porque, seamos honestos, pasar dos semanas enteras buceando en las aguas profundas y misteriosas de la subconsciencia no es cualquier cosa. ¡Es como hackear tu propio sistema operativo! Así…

Hay días que simplemente marcan un antes y un después. Y, si me preguntas, el Día 14 fue uno de esos momentos donde todo hizo clic. Porque, seamos honestos, pasar dos semanas enteras buceando en las aguas profundas y misteriosas de la subconsciencia no es cualquier cosa. ¡Es como hackear tu propio sistema operativo! Así que, después de 14 días de darle duro a esto de las afirmaciones, visualizaciones y más rollos místicos, llegué al punto de decir: “Ok, mente, ¡hagamos las paces!”

El Viaje al Inframundo de Mi Mente

Hace dos semanas, decidí sumergirme de lleno en lo que muchos llaman «trabajo de reprogramación subconsciente». Básicamente, es como actualizar tu software mental para que funcione mejor. Mi objetivo: alinear mi mente consciente y subconsciente para un solo propósito claro—convertirme en un Maggid, un sabio narrador en el mundo de la Kabbalah. Suena intenso, ¿verdad? Bueno, ¡lo fue! Pero para llegar a este día 14, tuve que lidiar con los bajos fondos de mi cerebro, reprogramando todo desde mis deseos hasta mis pensamientos más locos.

No fue fácil. A veces sentía que mi subconsciente se estaba rebelando, como una computadora con virus que se niega a hacer lo que le pides. Pero con paciencia, repeticiones y, claro, muchas meditaciones y afirmaciones, logré abrirme camino.

Día 14: ¡Es Hora de Sellar el Pacto!

Hoy es el gran día. El día en que Raziel (o sea, yo en modo súper espiritual) decide hacer las cosas bien. Me desperté con esa mezcla de expectativa y satisfacción, como cuando sabes que has hecho el trabajo duro y ahora solo queda recoger los frutos. Así que, ni corto ni perezoso, me lancé directo a la meditación. No cualquier meditación, sino una donde repasé mentalmente cada una de las prácticas que hice durante estas dos semanas de locura subconsciente.

Lo que vino después fue clave. Decidí sellar el trato con mi subconsciente de una manera simbólica y poderosa. ¿Cómo lo hice? Me fui a mi altar, ese lugar especial donde guardo el Sefer HaZohar, la biblia del misticismo judío, y encendí una vela blanca, representando la Luz del Creador. Y ahí, escribí lo siguiente:

«Hoy, sello el pacto entre mi mente consciente y subconsciente, alineándolas con mi propósito divino. Cada pensamiento, cada emoción y cada acción están ahora en sintonía con mi deseo de convertirme en un Maggid, guiado por la sabiduría del Zohar y la Luz del Creador. Mi subconsciencia es mi aliada, trabajando incansablemente para manifestar este propósito en mi vida.»

Fui tan formal que hasta firmé el papel y lo puse junto al Zohar. En ese momento, algo cambió dentro de mí. Sentí que este acto simple tenía un poder brutal. Era como cuando guardas la partida en un videojuego después de un nivel épico. Sabía que había cerrado un ciclo importante en mi vida, y ahora podía avanzar con la certeza de que todas las partes de mi mente estaban trabajando juntas para lograr el mismo objetivo.

Reflexión Final (y la Gran Lección)

El resto del día fue como flotar en una nube. Pasé el tiempo meditando, reflexionando, y sintiendo cómo todo encajaba de manera perfecta. No fue un día normal. Fue uno de esos días donde sientes que el universo y tú están totalmente sincronizados.

Al final, me acosté con la sensación de haber logrado algo increíble. Pero más allá de eso, me di cuenta de que este pacto interno era solo el comienzo. Claro, todavía me falta mucho por aprender y vivir, pero saber que mi mente está alineada hacia un propósito mayor me dio una tranquilidad brutal. Como si ahora el camino fuera más claro, más simple.

Así que, si estás pensando en reprogramar tu subconsciente o alinearlo con tus metas, ¡hazlo! No te arrepentirás. Y cuando llegues a tu propio Día 14, sabrás de lo que estoy hablando. Te sentirás en paz, completo y listo para comerte el mundo.

¡Nos vemos en el siguiente nivel, donde las cosas se pondrán aún más interesantes! 😉

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