Imagina esto: la vida no es solo lo que ves a simple vista. ¡Hay algo más grande pasando tras bambalinas! Y no, no es el WiFi o el cargador de tu celular, es La Luz del Creador. Esa energía universal que mantiene todo en equilibrio, desde los planetas girando en el espacio hasta el café que necesitas por la mañana para funcionar. Vamos a sumergirnos en este concepto en un estilo muy relajado, pero profundo (y sin ponernos demasiado místicos… o quizá sí).
¿Qué rayos es esta “Luz del Creador”?
Ok, vamos por partes. Según el Zohar, ese texto que guarda toda la sabiduría de la Kabbalah, la Luz del Creador es como el “todo incluido” del universo. Es la fuerza que lo mantiene todo funcionando, y no es solo algo que está allá afuera, flotando por el espacio. ¡Esta Luz también está dentro de ti! Imagina que es como esa energía que, cuando te conectas, te sientes en paz, alineado y con el GPS interno encendido para encontrar tu propósito.
¿Por qué me debería importar conectar con esa Luz?
Buena pregunta. Y la respuesta es: ¡porque es la clave para todo! No basta con querer algo solo porque sí, para que tus metas realmente se materialicen necesitas alinear tus deseos con la gran energía del universo, o sea, con la Luz del Creador. ¿De qué sirve tener un plan genial si no te subes a la ola que mueve todo lo demás?
Cuando logras alinearte con esta Luz, todo empieza a fluir, como si el universo conspirara para que las cosas sucedan (y no, no es coincidencia, es pura armonía cósmica). Básicamente, te conviertes en una versión mejorada de ti mismo, más conectado con lo que realmente importa, y lo mejor de todo: con un propósito que también beneficia a los demás.
¿Cómo te conectas con la Luz del Creador?
Aquí es donde se pone interesante. Conectar con esta energía no es ciencia de cohetes, pero tampoco es algo que ocurra sin más. Requiere un poco de conciencia, y algunas herramientas sencillas.
- Meditación: Siéntate, relájate y visualiza una Luz brillante que desciende desde lo alto y te rodea. Piensa en esa luz como la energía que te llena, purifica tus intenciones y guía tus acciones. Haz esto con calma, como si te estuvieras preparando para recibir una buena dosis de energía positiva.
- Reafirma tu propósito: No basta con hacer una lista de metas; debes preguntarte si están alineadas con el bien mayor. ¿Lo que quieres lograr tiene el potencial de beneficiar a otros o solo a ti? Si la respuesta es lo primero, ¡genial! Si es lo segundo, entonces ajusta la mira.
- Acción diaria: No es suficiente meditar una vez y luego seguir como siempre. La clave es mantener esa conexión cada día, en cada acción, ya sea mientras trabajas, hablas con amigos o reflexionas en soledad. Piensa en la Luz como una linterna que te va iluminando el camino.
¿Y qué ganas con todo esto?
Primero, mucha paz interior. Conectar con la Luz te deja sintiendo una tranquilidad tan profunda que hasta las pequeñas preocupaciones diarias parecen desvanecerse. Segundo, te alineas con el flujo natural del universo, lo que significa que las cosas tienden a suceder con más fluidez. Y tercero, y quizá lo más importante: te conviertes en una fuente de bienestar para los demás, ayudando a que no solo tu vida, sino también la de los demás, prospere.
En resumen, cuando te conectas con la Luz del Creador, no solo estás logrando tus objetivos personales, sino que te conviertes en parte del equilibrio universal. Es como entrar en sintonía con el gran ritmo de la vida, en el que todo lo que haces tiene un impacto positivo en el mundo. ¡Así que ya sabes, no es solo meditar y esperar magia, es actuar en armonía con lo que te rodea!

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